Por años se ha conocido la historia narrada por el libro del Génesis de la Biblia. En particular, la historia de Adán y Eva ha sido ampliamente difundida en los países con influencia de la cultura judeocristiana.

Eva, por consejo de la serpiente, le ofrece a Adán una manzana. El “fruto prohibido” que Dios les ordenó no comer.

Hoy se sabe que esa historia tan conocida es errónea debido a una confusión en la traducción.

De acuerdo con los textos sagrados para las religiones cristiana, judía y musulmana, Adán y Eva fueron los primeros seres humanos que poblaron la Tierra. Los libros cuentan que el varón Adán fue creado en el Paraíso, y que Dios, al verlo solo, decidió por darle una compañera a partir de una de las costillas del hombre.

Al darles el Paraíso, Dios les proporcionó un área natural con todas las facilidades para que sus hijos llevaran vida despreocupada y de una libertad casi total. La única regla era que no podían comer el fruto prohibido que daba uno de los árboles.

Quizá esas dichosas vidas que llevaban Adán y Eva hubieran continuado así de no ser por la aparición de un siniestro personaje: la serpiente, un personaje secundario que simboliza el mal.

La serpiente engaña a Eva para que ella y Adán coman el fruto prohibido que, según la tradición, es una manzana. Dicho acto es conocido universalmente como “el pecado original”.

Como resultado de su desobediencia, los primeros seres humanos son expulsados por Dios del Paraíso.

Con estos detalles es como se conoce la historia de Adán y Eva; sin embargo, hay un error en la traducción.

En el siglo IV d. C., el papa Dámaso I ordenó a su principal erudito de las escrituras, Jerónimo de Estridón la traducción de la Biblia hebrea original al latín. Dicha empresa le tomó a Jerónimo 15 años. El resultado es la llamada Vulgata canónica.

El craso error en la traducción de dicho texto es la confusión de el sustantivo mālus(manzano) y el adjetivo malus (mal). 

En la Biblia originalmente dice: lignus scientiae boni et mali (“Dios indica a Adán y Eva que no deberán comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal”).

Es así como, debido a la traducción de la Vulgata, la manzana comenzó a dominar las representaciones pictóricas y arquitectónicas, para luego formar parte del imaginario colectivo.

De modo que la imagen de la manzana como símbolo del pecado en la historia de Adán y Eva no es más que un error de traducción.

Vía Gizmodo

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