Se dice de una persona, de un objeto o de un ente cualquiera que sea la causa de un conflicto, de un hecho desgraciado, negativo o trágico.

En primer término y con justa razón, uno puede asociar la frase con la manzana de la Biblia, aquella por la que Adán y Eva fueron arrojados del Paraíso terrenal, pero no es así.

La verdadera manzana de la discordia la encontramos en un mito griego, en ocasión de la boda de Tetis y Peleo. A tal acontecimiento la diosa Eris no fue invitada, motivo por el cual, en venganza, envió a modo de regalo, una manzana de oro para ser entregada a la mejor y más hermosa de las diosas. De inmediato todas las damas (diosas en el sentido más legítimo del término) comenzaron a disputarse aquel trofeo. La contienda quedó reducida a sólo tres candidatas: Atenea, Rea y Afrodita.

La decisión resultó tan delicada que ninguna deidad quiso tomar la responsabilidad y así fue que Paris, príncipe troyano, fue elegido para tal fin.

El juicio de ParisPeter Paul Rubensca. 1638-1649. (Museo del Prado. Madrid).

Las finalistas intentaron todo tipo de seducciones con el joven y le ofrecieron diferentes favores. Paris finalmente se inclinó por la oferta de Afrodita, quien le prometió el amor de la bellísima y codiciada Helena, reina griega. Con el tiempo, aquella decisión provocó el tempestuoso romance entre Paris y Helena que, a su vez, desencadenó la legendaria Guerra de Troya.

Fuente: sigificadoyorigen.wordpress.com/ 

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